noviembre 06, 2013

Opinión: El panorama geopolítico global



Opinión: El panorama geopolítico global

OPINION… VILTIPOCO10000: NOVIEMBRE 06 DE 2013…

xMiguel Guaglianone
Reenviado por Julio Fernández Carmona*

Al respecto quisiera hacer primero una breve introducción. Para saber exactamente hacia dónde va el mundo, tendríamos en verdad que tener la Bola de Cristal de las adivinas. El análisis socio político e histórico lo más que puede hacer es analizar las circunstancias y generar una serie de escenarios probables y/o posibles.

Los sistemas socio históricos no son sistemas lineales, son sistemas complejos. Los sistemas complejos entran dentro de la comprensión de la Teoría del Caos. Según ella, cuando los sistemas complejos entran en estado caótico, se vuelven por definición estructuralmente impredecibles. Lo que podemos establecer es lo que la misma teoría denomina como "atractores extraños" que no son otra cosa que parámetros que delimitan el área de cambios en la cual el sistema se va a desplazar.

Por eso cuando hablamos del proceso socio histórico, lo más que podemos hacer es establecer algunos escenarios, y aun así por más cuidadosamente que se realice esta tarea, muchas veces la historia nos sorprende con hechos absolutamente inesperados, cuyas características no pudimos tener en cuenta por anticipado. Por eso nuestro mejor intento cuando queremos explorar el tema de este Foro radica en tratar de hacer un análisis muy completo, para poder acercarnos lo más posible a la realidad futura.

En el primer Foro de esta serie que se realizó en julio de este 2013 intentamos analizar la crisis general de nuestro sistema-mundo, tratando de mostrar que esta crisis que estamos viviendo es algo más que una crisis económica, es algo más que una crisis cultural, es una crisis que tiene una serie de aspectos que, a nuestro entender la están definiendo como una crisis civilizatoria.

Quien está en crisis no es el Capitalismo, quien está en crisis es nuestra Civilización Occidental, esa Civilización Occidental que naciera después de la caída del Imperio Romano, que se desarrollara durante los mil doscientos años de Edad Media, que tuviera unos inmensos cambios hace quinientos años en el Renacimiento, y que hoy parece estar en plena fase de desintegración, según el modelo planteado por Arnold Toynbee.

Para complementar esa primera visión, hoy intentamos abordar un aspecto más concreto de esa realidad, que es la visión geopolítica de nuestro actual sistema mundo. Con una mirada lo más amplia posible para tratar de abarcar el mayor número de variables que conforman el sistema global.

Para comenzar en alguna parte, podemos utilizar como antecedente cercano de nuestra situación geopolítica contemporánea, basándonos en las categorías de distribución del poder de unipolaridad, bipolaridad y multipolaridad, la situación del mundo a comienzos del siglo XX. En ese momento el control del panorama internacional estaba en manos de varias potencias europeas (Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania).

La mayor parte de ellas habían manejado a su antojo el planeta durante los siglos XVIII y XIX, porque disponían de flotas armadas que les permitían tener acceso (y atacar) a todas las regiones del mundo, con lo que generaron el sistema colonial, del cual lamentablemente todavía somos herederos. La mayor parte de ellas entran al siglo XX en un proceso de decadencia de su poder, que empiezan a ceder a potencias emergentes como los Estados Unidos, que a partir de la ultima cuarta parte del siglo XIX decide su vocación imperial, a partir de las acciones del presidente McKliney, quien invade la Filipinas y Hawai, definiendo así a ese país como una potencia internacional. EE.UU. es la potencia emergente al principio del siglo XX. Casi cuarenta años, dos guerras mundiales y más de sesenta millones de muertos costó el cambio desde esa multipolaridad hacia la bipolaridad que se genera después de la Segunda Guerra mundial y que va a crear el fenómeno llamado la Guerra Fría.

La Guerra Fría fue un proceso social bastante inédito, durante cuarenta y cuatro años se vivió una situación de guerra-no guerra. Es decir un estado con todas las características de la guerra, pero sin el conflicto armado masivo que generalmente es parte de ella. El inmenso costo de los más de sesenta millones de muertos todavía pesaba. A partir de 1945 entonces, el mundo quedo repartido entre las dos grandes superpotencias, por un lado los Estados Unidos y por el otro la Unión Soviética. Durante la Guerra Fría la geopolítica tomó características especiales, se generó un cierto status quo ambas partes respetaron.

Cada una de ellas intentó expandir su poder y sus zonas de influencia, pero ambas respetaron ciertas reglas. Un ejemplo desde el lado de la izquierda, lo muestra como durante la Guerra Fría, la mayor parte de los Partidos Comunistas de Occidente (con distintas gradaciones de independencia, como la del Partido Comunista Italiano) respondían a la línea política de Moscú y esa línea política definía condiciones a los militantes.

Los partidos comunistas en Occidente tenían como objetivo ganar curules en los parlamentos a través de los votos, e influencia política en los sindicatos y organizaciones sociales. Pero en ningún caso (posiblemente con la excepción en Latinoamérica de Venezuela) deberían tomar las armas, porque esto era parte del respeto al status quo establecido entre los dos grandes contendores. También sucedía desde el otro lado, Estados Unidos intentaba desestabilizar algunos países que estaban bajo la influencia soviética, pero había lugares donde no se metían.

Este fue el fenómeno de la Guerra Fría, y de la bipolaridad mundial. Dos focos de poder en el mundo, un cierto equilibrio entre ambos focos y cuarenta y cuatro años de ese sistema, que de alguna forma condicionarían todo lo que sucederá posteriormente. La Guerra Fría culmina oficialmente en 1989, cuando se produce el colapso y disolución de la Unión Soviética. Cuando esto sucede, los Estados Unidos intentan tomar el rol de única superpotencia e intentan que los cuarenta y cuatro años de bipolaridad se conviertan en una nueva era de unipolaridad. Y en alguna medida al principio lo logran, las décadas de los 80 y los 90 son un período de dominio absoluto de la visión norteamericana y del neoliberalismo que la acompaña y que llegó a permitir los excesos ideológicos de Francis Fukuyama quien llegara a plantear el Fin de la Historia y el Fin de las Ideologías. Habíamos llegado al estado perfecto para el mundo, una hegemonía neoliberal con la conducción de los Estados Unidos y eso iba a ser como el sueño del Tercer Reich, mil años de dominio total.

La verdad es que ese sueño va a durar muy poco, un máximo de diez o quince años. Ya en la década de los 90 empiezan a aparecer en todo el mundo los síntomas de que las cosas no serán tan así. De que esa autonombrada unipolaridad, ese auto designado papel de gendarme mundial, no será una realidad sólida.

Nuestra contemporaneidad está caracterizada porque gran parte del dominio sobre grandes contingentes humanos se realiza a través de la generalización de mitos mediáticos. El gran poder de los medios corporativos de comunicación además de falsa o sesgada información, transmite ideología, valores, formas de vida. En este proceso utiliza toda una serie de mitos que sirven para la persuasión de las grandes masas. Un ejemplo contemporáneo con el cual nos vemos diariamente saturados es el mito de la democracia.

En este momento Occidente intenta, a la vez que alimenta la demonización del Islam como su enemigo principal, la imposición de la democracia a esa serie de pueblos "barbaros" que no conocen la mejor forma de gobierno que existe. Y resulta que la democracia que se intenta imponer es una democracia "chucuta", la democracia representativa de partidos. Un invento extraño a las culturas no europeas, creado por la Civilización Occidental en la Revolución Francesa. Parte de este mito es también la búsqueda de la libertad. Se invaden los países para "darles libertad".

Entre todos esos mitos, también está el de la omnipotencia del estado imperial, que es el gendarme natural del planeta. Pero, la realidad es muy porfiada. A partir de la década de los 90 empiezan a surgir en el mundo nuevos polos de poder. Hay por ejemplo una China que no solo se convierte en una gran potencia industrial, sino que empieza a convertirse en una potencia política, apoyada no solamente es su poder material, sino en una tradición de cuatro mil años de historia de diplomacia y manejo del poder. Hay una Rusia que se recupera del disparate neoliberal posterior a la caída de la Unión Soviética, donde destruyeron a una inmensa nación, la parcelaron, la vendieron y la privatizaron. Pero un movimiento restaurador, con Vladimir Putin y sus aliados a la vanguardia, vuelve a estructurarla como nación, y vuelve a convertirse en un polo de poder en el mundo. Aparece lo que ahora llamamos los BRICS, donde además de Rusia y China están Brasil, la India y Sudáfrica. Y aparece también un movimiento de integración latinoamericano del cual Venezuela comandada por el Presidente Chávez es pionera, al que todos conocemos por estarlo viviendo desde dentro, y que constituirá otro nuevo polo de poder en el escenario global.

Como en todos los procesos complejos, hay siempre un juego de Yin y Yang, de dialéctica dirían algunos. Los nuevos focos de poder crecen, mientras el foco de poder anterior declina. Ninguno de estos procesos es causa del otro, ambos son partes del proceso general del sistema geopolítico mundial.

Lo que parece más evidente es que los Estados Unidos no están logrando el objetivo de mantenerse como potencia hegemónica unipolar, porque están allí los síntomas que todos conocemos. Estados Unidos es la mayor potencia militar del planeta, nadie puede negarlo. Su gasto militar es mayor que la suma de todos los gastos militares del resto de los países del mundo juntos. Pero aparentemente aparece algo que llamamos "efecto dinosaurio". Ese inmenso poder militar, en este momento en que tienen una gran crisis económica les está provocando unos problemas de logística e infraestructura monstruosos. Hemos leído un par de informes muy serios de analistas norteamericanos, donde se dice que EE.UU. no está en condiciones de empezar ninguna otra guerra, porque no tiene siquiera el dinero para la alimentación y las medicinas de sus tropas. Aunque parece algo ridículo, no es de extrañar que esto fuera cierto, han crecido tanto militarmente que se han convertido en inoperantes. Posiblemente esto tenga que ver con sus fracasos militares en Irak y Afganistán. Allí hay un empantanamiento en dos guerras que teóricamente, desde el punto de vista de la guerra clásica tendrían que haber ganado rápidamente.

Los fracasos militares estadounidenses les han obligado a buscar lo que llamamos una "guerra por mampuesto". Lo que hicieron en Libia, donde los EEUU no corrieron con el gasto militar de atacar ese país, haciendo que fueran los países europeos de la OTAN los que pusieron los costos de 78.000 misiones de bombardeo en 90 días, que devastaron la infraestructura de la nación libia y no dejaron piedra sobre piedra. Estados Unidos logró que eso lo pagara la OTAN. Recientemente, cuando Obama estaba amenazando con atacar Siria, su Secretario de Estado John Kerry explicaba que el gasto no lo iban a pagar ellos, sino que los países petroleros árabes aliados estaban dispuestos a hacerse cargo de él, porque aun el bombardeo a distancia con misiles de crucero les iba a costar una millonada de dólares. Hasta ese punto allí, en el aspecto militar es donde aparece un aspecto concreto de la pérdida de poder. Pero hay otros síntomas, en los últimos tiempos han sido claros los fracasos diplomáticos monstruosos de la Casa Blanca y del presidente Obama que es quien ha puesto la cara. Todo el caso Snowden, donde los Estados Unidos quedaron en ridículo a nivel diplomático. Hay que leer las múltiples amenazas que los Estados Unidos hicieron a Rusia y a todo país que se atreviera a darle asilo a Edward Snowden. A pesar de ello, tres países latinoamericanos concedieron ese asilo, y Rusia le otorgó un asilo provisional por un año, y no pasó nada. Lo más que hicieron los EEUU fue una declaración donde expresaban el "disgusto" que les producía la decisión rusa. Este fue un papelón diplomático. El segundo de ellos fue Siria. Obama declara que va a atacar Siria, aun sin el aval del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero al final no puede hacerlo. Hay primero una inmensa oposición interna, casi el 70% de la opinión pública estadounidense en contra. Decide buscar el apoyo del Congreso y descubre que los congresistas, que de alguna manera dependen de sus electores, no están dispuestos a acompañarle en una nueva aventura militar. Y aparece la intervención diplomática de Rusia encabezada por Vladimir Putin. Estamos hablando de un hombre que viene de la KGB, de un "duro" que se ha ido puliendo como estadista y ha logrado reconstituir las estructuras del poder del Estado Ruso. Hace poco veíamos un análisis que mostraba como en Rusia, a pesar de que todo está privatizado, resulta que todas las grandes compañías están realmente controladas por el gobierno. Un ejemplo es la ROSOBONOEXPORT, la empresa rusa que exporta todas las armas que fabrican. Rusia es uno de los principales proveedores de armas del mundo, sus armas en general son de muy buena calidad y muy baratas, Venezuela las compra a Rusia, y no solo nosotros sino varios otros países de Latinoamérica le están utilizando como proveedor. Esta empresa que centraliza la comercialización de armas de las fábricas rusas, está presidida nada menos que por el propio Vladimir Putin. Así el Estado controla además las principales compañías, como la de petróleo, del gas y otras. Ese es el mayor logro de la fuerza política que encabeza Putin, han logrado proporcionar una nueva estructura a un Estado que con la caída de la Unión Soviética y los disparates de Boris Yeltsin había quedado deshecho.

En este caso siempre hay una variable cultural, ese estado es el de la vieja Rusia zarista que creara Iván el Terrible, que no cambió demasiado durante el periodo de la Unión Soviética (estamos hablando de la estructura del Estado), un Estado que había sido destruido al colapsar la URSS, y que han logrado reinstaurar. Han podido lograr que ese inmenso país (creemos que sigue siendo el de mayor en extensión geográfica en el mundo) vuelva a convertirse en un factor de poder a nivel internacional. Y en la crisis de Siria lo ha demostrado fehacientemente, logró una solución diplomática que le dio a Obama una cierta salida del brete en que se había metido al declarar que iba a atacar Siria por su cuenta. Rusia propuso la destrucción del arsenal sirio de armas químicas, cosa que es realmente un acto "pour la galerie". Las armas químicas, y hay aquí varios militares que conocen bastante más que nosotros de esto y pueden avalarlo, no son fundamentales en la guerra moderna, ni siquiera lo son las armas nucleares. Siguen siendo las armas convencionales las que deciden los conflictos de guerra (hablando de guerra clásica, sin tocar el tema de Guerra de Cuarta Generación). Las armas químicas responden al viejo clise de que utilizarlas es lo mismo que si dos boxeadores pelearan en el ring con granadas. Es muy difícil hacer que las armas químicas maten al enemigo y no afecten a los propios o no contaminen o no provoquen resultados inesperados o a largo plazo. Entonces es claro que todo el asunto de las armas químicas fue un pretexto para poder atacar Siria, aunque pareciera que parte de la decadencia de poder de EEUU también tiene que ver con que no dispone de estrategas eficientes. No parece existir nadie que cuando la Casa Blanca decide atacar un país, se dedique a estudiar seriamente sus antecedentes históricos.

Voy a referir una anécdota al respecto, en 1962 tuvimos el honor de estar presentes en una conferencia que diera en Montevideo el gran historiador británico Arnold Toynbee, padre del inmenso Estudio de la Historia, que creemos puede ser el mejor estudio realizado sobre las civilizaciones como procesos socio históricos humanos. En esa conferencia hizo tres previsiones para el futuro, vamos a hablar solamente de la que queremos mencionar como ejemplo. En 1962 los Estados Unidos todavía no habían mandado tropas a Vietnam, y el dijo que los Estados Unidos iban a entrar a pelear en Vietnam, y que al igual que Francia una década antes, iban a tener que irse de Vietnam. Porque nadie había realizado un estudio de la historia del pueblo vietnamita, de como ese pueblo ha contenido durante 2000 años al Imperio Chino y como esa es una cultura que tiene una formación para la guerra. Formación que no está fundamentalmente en la tecnología ni en las armas, sino en la forma en cómo la gente hace las cosas. Resulta que la previsión se dio completa, en 1964 después de la muerte de Kennedy, Johnson manda las tropas a Vietnam y años después los estadounidenses deben abandonar el país sin haber logrado ganar la guerra. ¿Por qué Toynbee lo sabía antes de que comenzara? Porque era un historiador con una gran visión, que sabía que los procesos históricos no son puntuales, sino que tienen siempre antecedentes que los determinan. Cuando uno quiere hacer la guerra, tiene que estudiar la historia del enemigo. Fue muy fácil destrozar Libia, porque Libia no era un estado nación, era una confederación de tribus que Kadaffi (y este es su mayor mérito político) había logrado mantener estructurada, y era un territorio compuesto fundamentalmente por desierto, todo lo que permitía que fuera muy fácil destruirlo con bombardeos. Agregando una gran equivocación de Kadaffi, que cayó en la ingenuidad de creer que como Zarkozy y Berlusconi lo abrazaban para las fotos y le aceptaban dinero para sus campañas políticas, el ya era parte de la Civilización Occidental y se fue desarmando paulatinamente para congraciarse con Europa. Pero con Siria el asunto es distinto, Siria es un país en estado de guerra con Israel desde la Guerra de los 6 días. Recuerden que Israel les ocupó militarmente las alturas del Golan y después las anexó a su territorio, y desde allí apunta con sus cañones y proyectiles directo al corazón del territorio sirio. Y Siria vive un estado de guerra desde hace varias décadas. Thierry Meyssan, el director de la Red Voltaire nos contaba que cuando Zarkozy llegó al poder había tenido que irse de Francia y fue a vivir a Damasco. Decía que esta era una ciudad hermosísima, el problema es que vive en estado de sitio y hay toque de queda todas las noches hace cuarenta años, lo que impide recorrerla después que se pone el sol (recuérdese que hablamos de un momento anterior al comienzo del conflicto actual en Siria). Entonces Siria es un Estado que está en guerra con Israel, que en ningún momento se ha desarmado, sino que ha llegado a desarrollar una infraestructura militar poderosa, que comprende una defensa antiaérea basada en los proyectiles SS300 que son aparentemente la joya rusa en sistemas antimisiles (Venezuela acaba de adquirirlos y pudieron verse en el desfile del 5 de Julio) y cuando el conflicto sirio se hizo candente, Putin envió a sus técnicos a repotenciar estos sistemas de defensa. No iba a ser entonces lo mismo en Siria que en Libia, sobre todo también porque Rusia y China no han estado dispuestas a permitir que se hiciera en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la misma jugada que dio una justificación "legal" al ataque a Libia, y han empleado sistemáticamente su derecho a veto cada vez que los EEUU o alguna de las naciones adláteres ha intentado una resolución que permita el bombardeo en Siria. Un bombardeo que geográficamente tampoco hubiera sido tan fácil, ya que si bien Libia está rodeada de desiertos y es un área relativamente grande, Siria es más pequeña y está en un centro geográfico (esa es la principal razón del ataque) rodeada de países "amigos" de los EEUU. Es muy difícil bombardear Siria y no generar "daños colaterales" entre los aliados como Israel o Turquía, no es posible (a pesar de que así lo publiciten los medios) realizar bombardeos tan milimétricos, tan quirúrgicos, que solo existen en la ciencia-ficción). Por eso los drones dejan tantos civiles muertos, porque eso de que las nuevas tecnologías son tan precisas, es parte de los mitos mediáticos. Sí, la tecnología resuelve una serie de cosas pero no tiene esa condición de “perfecta” que se le adjudica.

Finalmente terminando porque se agota el tiempo, nuestra distribución de la geopolítica mundial es hoy otra diferente a la del siglo XX, y está, a decir de Walter Martínez, "en pleno desarrollo". Grandes cambios se están produciendo, el ascenso de los nuevos factores de poder, la forma en cómo estos nuevos focos empiezan a asociarse y trabajar juntos en una relación diferente a la de imperio-periferia. Como un ejemplo vemos el cambio en las relaciones comerciales acelerado entre Latinoamérica y China y Rusia, quienes están colaborando en acabar a los Estados Unidos como regente del comercio de nuestra región. Un cambio que tiene que ver también con la adquisición de armamento, de tecnologías y demás. Esto hace que la geopolítica se esté reordenando constantemente, con la característica de surgimiento del protagonismo de nuevos centros de poder y la decadencia y caída de los poderes anteriores. Podemos establecer como escenario posible que los próximos quince o veinte años van a generar un sistema geopolítico de nuevo aspecto, donde van a terminar de concretarse los cambios que analizamos y es muy probable que surjan nuevos elementos que se agreguen al panorama posterior.

Los escenarios posibles comprenden desde la Guerra Nuclear hasta la reordenación completa del poder en todo el planeta, con las múltiples posibilidades intermedias entre ambos extremos. Desde esta visión geopolítica entonces es que podremos especular un poco hacia dónde va el mundo hoy.

Se publica este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


*Julio Fernández Carmona (Chiclayo - 1945) - Conocido en nuestro medio literario peruano como Julio Carmona - Vigoroso Poeta, Ensayista, Escultor y formidable declamador, cuyos ideales estéticos y doctrinarios socialistas le llevó a sufrir prisión en la década del 90 del siglo pasado... Ejerce la docencia en la Universidad Nacional de Piura en la Facultad de Educación... Su poética se inscribe en los postulados estéticos de filiación proletaria sustentados en Perú por el Grupo Intelectual Primero de Mayo, que integró desde 1970… Colaborador de la Agencia de Información ArgoIs-Internacional en la Red: http://espanol.groups.yahoo.com/group/ArgosIs-Internacional





Waldo Darío Gutiérrez Burgos
Descendiente del Pueblo Uquía - Nación Omaguaca
Director de Viltipoco10000
MIEMBRO DEL 'GAPO', LA ‘OBNU’ Y ‘ARGOSIS-INTERNACIONAL’
"Nuestra ignorancia ha sido planificada por una gran sabiduría"



noviembre 05, 2013

Opinión: “Chávez fue el primero que quiso un socialismo con libertad”



Foto: Ignacio Ramonet acaba de presentar en Madrid su último libro, "Hugo Chávez. Mi primera vida".

Opinión: “Chávez fue el primero que quiso un socialismo con libertad”

OPINIÓN... VILTIPOCO10000: NOVIEMBRE 05 DE 2013...

xFernando Sánchez
La Marea


MADRID // El retrato del que fuera presidente de Venezuela que emerge de las páginas de Hugo Chávez. Mi primera vida (Editorial Debate), del periodista Ignacio Ramonet (Redondela, 1943), es el de un hombre brillante, de cultura vasta y autodidacta, una cultura impregnada de un refinamiento hijo de su primera vocación, la pintura, de sus raíces populares y del bagaje de un lector voraz. El hombre cuya voz recogió Ramonet en entrevistas que tuvieron lugar a lo largo de varios años citaba de memoria a Gramsci, a Teócrito, a Ortega y Gasset y a Marx. Ese militar que-según describe el periodista- recorría con sus manos los mapas de América Latina; esa persona que tenía a Simón Bolívar como faro, no se parece casi nada a la caricatura de golpista zafio que tantas veces han pergeñado sobre él algunos medios de comunicación. Ramonet, director de Le Monde Diplomatique en español y presidente de honor de ATTAC, se propuso luchar contra esa imagen de Chávez retratando al ser humano que precedió al líder. En esta primera vida, el lector no hallará el relato del desempeño como presidente de Hugo Chávez, sino “el territorio de su infancia y las raíces de su destino”.

¿Cómo se explica el abismo entre la persona refinada que usted describe y la imagen que de él han dado muchos medios?

Ese contraste da la medida de la enorme manipulación, de la demonización que ha sufrido Chávez. Yo tuve la ocasión de hacerle una entrevista larga cuando sólo llevaba varios meses como presidente y pude constatar que ese hombre, que aún no era objeto de tantos ataques pues acababa de llegar al poder, era un hombre culto, que citaba a Nietzsche, a Kant, a pensadores latinoamericanos, algo que me parecía excepcional para un militar. Entonces, cuando a partir del 2001 o 2002, empezaron las campañas tan violentas, tan caricaturales, en las que se le trataba de dictador, de caudillo, de golpista, ya desde entonces, me pareció que había una exageración hasta alcanzar los niveles que hemos visto estos años. Hemos visto aquí a un periódico importante celebrar el golpe de Estado contra Chávez [en 2002], titulando “La caída de un caudillo”. Caudillo en España es una palabra que tiene un sentido ¿no? Es una palabra que define a una persona responsable de centenares de miles de muertos. Un periódico que aquí pretende defender la democracia estaba alabando un golpe de Estado contra un régimen constitucional, resultado de elecciones legítimas. Y esto pasaba tranquilamente, era algo que se festejaba.

El origen de este libro está ahí: en la idea de que de que la gente conociera a la persona Chávez, más allá del dirigente. Chávez era un intelectual, un hombre que tenía una sensibilidad artística muy importante, de poeta, y que era muy sentimental. Si no hubiera sido tan artista, no estaríamos hablando de un creador político como ha sido, porque él ha sido un creador de conceptos políticos, como el socialismo del siglo XXI, la revolución bolivariana, o el ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas), una palabra tan bonita, elegida por él y Fidel Castro. El alba, donde todo comienza.

La cultura de Chávez tenía una importante raíz popular…

Sí. Esa es una de las dimensiones que explican su enorme popularidad. Él se nutre esencialmente de lo que podríamos llamar la cultura popular: de las canciones populares de su región, Los Llanos, que es la matriz de Venezuela, del cine y del deporte nacional, el béisbol. Cuando hace un discurso y habla de todo esto, comunica con la gente. Le ocurre también hablar de filósofos, pero esta dimensión de cultura popular hace de él una persona que está a la altura del venezolano medio. También hay algo muy importante: su físico. Date cuenta de que en Venezuela, desde su independencia, jamás había habido un presidente con cara de venezolano; todos eran de tipo europeo. Chávez es el primer presidente en la historia de Venezuela que se parece a un venezolano medio.

En las críticas hacia él, ¿había una dimensión racista?

Por supuesto, la dimensión racista es capital. La prensa de oposición incluso lo llamaba mono. Muchos intelectuales y periodistas no concebían que este mestizo fuese un hombre fino, sutil, sofisticado. En el libro cuenta que en su propio ascenso político en el país le ocurrió con sus compañeros, que partían del principio de que los jefes de la conjura [de 1992] eran ellos. Y si tú ves la foto de los insurrectos del golpe de Estado de 2002, en el que el presidente de la patronal se autonombró jefe del Estado [duró sólo dos días en el cargo, tras lo cual Chávez recuperó la Presidencia], no hay ni un…

¿Mestizo?

Digamos ni un bronceado. Todos los golpistas eran blancos

¿Y las acusaciones de populismo?

El término populista es algo que el neoliberalismo ha encontrado como excusa. Cuando un sistema no es democrático, se dice que es una dictadura y, si el sistema es democrático y critica el neoliberalismo, entonces resulta que es populista. Es un argumento del lenguaje, una acusación que se lanza contra el presidente Correa, Lula o Cristina Fernández. Curiosamente, todos los regímenes que han detenido al neoliberalismo en la región son populistas. También los llaman populistas porque satisfacen al pueblo y eso quiere decir, por ejemplo, que el dinero del petróleo se destina a hospitales y escuelas. El petróleo hay que colocarlo en un banco suizo o en Goldman Sachs; eso es lo que hace a un gestor ser serio. Y si tú el dinero del país se lo das al pueblo, entonces es que estás haciendo populismo. La palabra populista es muy difícil de definir. Si no se puede tildar a alguien de dictador-aunque con Chávez, el hombre que más elecciones ha hecho en Venezuela, 17 en 14 años, no se han privado de ello- se dice que es populista.

¿Chávez recoge el testigo de Salvador Allende?

En cierta medida, sí. Lo que yo observo es que entre Allende y Chávez no hay ningún dirigente progresista en América Latina. Todos los dirigentes progresistas que pudieron aparecer entre 1973 y 1999, fueron derrocados. Y Chávez es el primero que dice ‘Sí, yo quiero el socialismo pero lo quiero con elecciones, y lo quiero con libertad’. Esta es la característica principal de lo que llamamos el socialismo del siglo XXI. No quiere construir ni un socialismo a la cubana ni a la china ni a la vietnamita; quiere que haya elecciones y que cada avance en términos en progreso social se vea refrendado en elecciones libres por el pueblo. Esto es muy importante.

¿Una democracia que pasa de representativa a participativa?

Claro. Chávez hace 17 elecciones y sólo pierde una, y admite su derrota. Y muere ganando las elecciones en octubre, con diez puntos de diferencia con respecto al segundo candidato. Por consiguiente la constante democrática es una característica fuerte de su liderazgo.

¿En Venezuela se ha desmontado el argumento de que el socialismo tiene que ser totalitario?

Absolutamente. El apogeo ideológico del neoliberalismo se produce después de 1980, cuando llegan al poder la señora Thatcher y Reagan. A partir de ahí esta teoría empieza a ganar los espíritus y las conciencias de todo el mundo. Después de 1982, la socialdemocracia, en la figura de Felipe González, introduce en España la idea de que una buena gestión de izquierdas debe ser neoliberal. Lo mismo ocurre en el 83 con Francia con el gobierno Fabius de Miterrand, y no hablemos de la derecha. Eso se extiende a través del mundo y toda América Latina, que está saliendo de las dictaduras, se convierte a la fe neoliberal, la privatización absoluta y el desmantelamiento del Estado de bienestar, exactamente lo que está sucediendo ahora en España, un programa de ajuste estructural que llega aquí 15 años después pero que se aplicó en América Latina en los años 90. La consecuencia de esto es que el propio socialismo real se hunde. Pero, en el mismo año que cae el Muro de Berlín, en 1989, el pueblo venezolano es el primero que se levanta contra una política neoliberal con lo que se llamó el Caracazo. En Venezuela, tenían a un gobernante socialdemócrata, Carlos Andrés Pérez, que, imitando a González o a Miterrand, llega al poder mediante una campaña en la que no ha dicho lo que va a hacer y, cuando llega, lo primero que hace es anunciar una terapia de choque: se van a aumentar los precios, van a rebajarse los sueldos y las pensiones, lo que se está aplicando ahora mismo aquí. El pueblo se subleva y esa sublevación inspira a Chávez la rebelión de 1992. Chávez es el resultado de un país que es el primero que se opone a un programa neoliberal, cuando el propio socialismo de Europa del Este se ha hundido.

¿Chávez fue la consecuencia y no la causa, como él mismo señala?

Él fue la consecuencia de la degeneración moral de la IV República, de la corrupción absoluta, del pacto de Punto fijo, en el que dos partidos se repartían el poder, además de las recetas neoliberales. Él va a tener una enorme influencia cuando llega al poder gracias a las urnas, después de haber estado tentado durante mucho tiempo de tomar el poder con las armas. Es cuando dice ‘No, vamos a ganar [en las urnas] porque tenemos argumentos para convencer a la sociedad’. Desde Allende hasta Chávez ningún dirigente socialista llegó al poder, pero después llegaron muchos; llega Lula, Correa, Tabaré Vázquez; llega Kirchner, Lugo, Zelaya…

La aspiración de lograr una unidad latinoamericana es otros de los ejes de su pensamiento.

Para EEUU, que pensaba que, tras caer la URSS, Cuba se había quedado sin cordón umbilical, Chávez era el blanco que había que atacar, pues el presidente, al considerarse heredero de Bolivar, tenía como proyecto la unidad latinoamericana. Y consiguió logros como el ALBA, Petrocaribe y la CELAC, que representa la primera vez que se unen todos los países de América Latina sin EEUU y Canadá; es decir, la anti OIEA.

Chávez creía en una unión entre el ejército y el pueblo

Ésta es una característica de la revolución bolivariana. Él admira a los militares de izquierda porque piensa que el ejército tiene, de forma ontológica, vocación de responsabilizarse de lo que ocurre en el país, Entiende la defensa del país como la defensa de los intereses del pueblo. Entonces, en la medida en que el ejército tiene que defender al pueblo, no puede consentir que éste sea destruido por las tesis neoliberales. Chávez tenía muchos modelos, sobre todo [Juan Francisco] Velasco Alvarado, en Perú, pero él se dice que este militar fracasó porque sólo se apoyó en los militares. Y concluye que los militares no están hechos para acaparar el poder porque se corrompen. También porque derivan inevitablemente al autoritarismo. De ahí que descarte el poder sólo para los militares y formule la idea de la unión cívico-militar, que se basa en que los militares sólo tienen legitimidad para tomar el poder si se apoyan en partidos políticos de izquierdas que defienden los intereses del pueblo. Esto es muy innovador y muy singular.

Usted sostiene que América Latina es el continente más progresista del mundo

No hay otro en el mundo. Tienes seis o siete países, Venezuela, Nicaragua, Brasil, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina, donde hay experiencias de socialismo democrático con programas de redistribución de la riqueza nacional, de aplicación de justicia social, de educación y salud gratuitos, de pleno empleo si es posible y de vivienda. Todo lo que está en contradicción con las políticas neoliberales que estamos viendo aplicadas hoy en Europa. Y el pueblo ve los beneficios. Desde que empezaron estas experiencias-la venezolana lleva 15 años- siempre han ganado las elecciones. Correa, por ejemplo, ganó con 30 puntos de diferencia, y Dilma [Roussef] va hacia su segundo mandato. Estas son políticas de devolución de deuda social, por las que el Estado le devuelve al pueblo lo que el pueblo ha hecho en sacrificios, cuando antes la riqueza estaba acaparada por una élite.

En el libro se destaca la importancia del liderazgo de Chávez, ¿tiene futuro la revolución bolivariana en Venezuela con el presidente Maduro?

Es indiscutible que en la tradición de izquierdas la cuestión del líder plantea un problema porque se supone que son los pueblos los que hacen la historia. Chávez lo repite a lo largo de las entrevistas, pero la realidad nos muestra que hay un momento en la historia en que se dan todas las circunstancias objetivas de una gran protesta social, un gran disgusto, un sufrimiento, un malestar, una crisis de la democracia pero no hay nadie para cristalizar ese malestar, excepto si surge un líder o una líder. Mira la situación en España; hoy en día hay una protesta social enorme y, sin embargo, no pasa nada. Porque esa protesta social está dispersa, porque no llega a articularse. No se traduce en términos electorales, políticos ni de conquista del poder y las cosas siguen igual. Si surgiese alguna organización aglutinante de ese malestar yo creo que tendría bastante éxito. Ese es el papel del líder. Ese fue el papel de Chávez. Se trata de un hombre que se hace popular en dos minutos; no lo conoce nadie, hace una intervención en televisión el día de la rebelión militar y, en esos dos minutos, se transforma en el hombre más popular de Venezuela. Su porvenir ya estaba garantizado porque supo asumir una circunstancia absolutamente dramática como fue la del golpe de Estado de 1992.

La situación ya no es la misma, Chávez ha fallecido demasiado pronto, a los 58 años, pero la revolución está encarrilada desde hace 15 años. La mayoría de la ciudadanía sabe muy bien lo que es. Maduro no es Chávez pero está muy bien formado y ha pasado 20 años aprendiendo junto a él. Tiene una experiencia internacional como nadie tras sus ocho años como canciller. El papel del líder no es el que era necesario en 1999, cuando había que cambiarlo todo, ir contra la oligarquía y contra Estados Unidos, entonces se necesitaba un titán, ahora es un trabajo para un gran político, como es Maduro.



http://www.lamarea.com/2013/10/26/ramonet/





Waldo Darío Gutiérrez Burgos
Descendiente del Pueblo Uquía - Nación Omaguaca
Director de Viltipoco10000
MIEMBRO DEL 'GAPO', LA ‘OBNU’ Y ‘ARGOSIS-INTERNACIONAL’
"Nuestra ignorancia ha sido planificada por una gran sabiduría"